Como con cualquier hobby, siempre hay un momento que es el más emocionante, y creo que en mi caso como crochetera, ese momento es el de comprar mi alijo de lana.
En Santiago hay varias mercerías que visito con regularidad cuando este momento llega, las he escogido tanto por precio, variedad de colores, calidad de la lana y cercanía. Pero este fin de semana mientras estuve en mi adorado Santiago, pase por una mercería de la cual me habían hablado, pero nunca había visitado porque no está en mi ruta habitual.
Me enamoré. Fue un momento mágico, entrar a la tienda, ver lo limpia y organizada que estaba. Si hay algo que tienen las mercerías, es que por lo regular hay mucha "libertad", y en cuanto a libertad me refiero, estoy hablando que todo esta por todos lados, que hay que buscar mucho para encontrar algo.
La tienda era algo pequeña, había una cantidad considerable de gente. Al entrar lo primero que vi fue el sector de pedrerías, dirigí mi mirada hacia el fondo, y en una esquina en el fondo ahí las vi. Lana, mucha lana, pero en paquetes. Me puse un poco triste porque en realidad no andaba buscando paquetes grandes de lana, sino ciertos colores, y de a dos (después en otro post explicaré por qué siempre compro de a dos lanas por color). Un señor de los que trabajaba allí me vio un poco desubicada, y a el le pregunte que si vendían la lana por detalle, el me dice que si y me señala la esquina opuesta. Oh Dios mío, pensé. Cuantos colores hermosos, brillantes!
Al final termine escogiendo cuatro colores bien bonitos, primaverales, escogí de a dos lanas por color, mientras el señor me miraba, y yo le decía: Ay! Pero cuantos colores bellos. Termine saliendo con mis manos llenas y muy feliz.
Obviamente no las voy a usar todas de golpe, por lo regular siempre intento recargar mi alijo de lana en caso de si encuentro un proyecto que me guste, ya tener opciones de colores y poder comenzar de una vez.

No comments:
Post a Comment